ZONAS URBANAS

Entre 1975 y 1995, la población urbana de América Latina y el Caribe ha pasado de 192 a 344 millones de personas. La mayor parte de esta población vive en grandes ciudades, como la ciudad de México, Sao Paulo, Lima y Buenos Aires.

La ausencia de planificación y el débil cumplimiento de controles en este campo también conducen a un acercamiento potencialmente peligroso de la actividad industrial y residencial, así como a un proceso general de desarrollo urbano expuesto a los riesgos derivados de la vulnerabilidad de las áreas urbanas ante los eventos naturales. En el primer caso, se expone a los habitantes de zonas residenciales al riesgo de descargas industriales de emisiones y efluentes dañinos.

En el segundo, como demuestra el impacto devastador tanto del huracán Mitch en Centroamérica a fines de 1998, como de las inundaciones en Venezuela a finales de 1999, la falta de planificación y cumplimiento de controles puede tener costos altísimos de reconstrucción e impactos irreparables en términos de vidas humanas.

La densidad demográfica y la actividad económica en aumento han provocado un crecimiento en la contaminación de muchas ciudades. La contaminación aérea provoca severos problemas respiratorios en los ciudadanos, con tasas mayores de pulmonía y muchas muertes prematuras a causa de enfermedades respiratorias. Los costos de tratamiento son altos y hay pérdidas de productividad por el ausentismo.

La contaminación del aire es un serio problema en zonas urbanas como Sao Paulo, la ciudad de México y Santiago de Chile, en donde la emisión de gases tóxicos es permantente, ya que fuentes como fábricas, refinerías, vehículos automotores y establecimientos emiten continuamente gases producidos por la combustión del petróleo.

Otro grave problema sobretodo para la salud es la basura expuesta, situación común en las zonas urbanas. Ningún equipo de futbol y sus espectadores podrían llenar toda la capacidad del estadio de Jalisco. La basura sí. Con los desechos que se generan en la zona metropolitana de Guadalajara podríamos llenar la capacidad del estadio cada tres meses, lo que representa más de 3500 toneladas de basura diaria.

En las zonas urbanas los espacios verdes suelen ser desplazados por el “planeamiento urbano” y escasean las plazas, los jardines, los parques y las reservas naturales.

La gente de la ciudad está expuesta a numerosos tipos de contaminación y en general sobrevive con una baja calidad de vida. Vivir en una metrópoli puede ocasionar diversos trastornos, como estrés, problemas cardiacos y respiratorios, obesidad y depresión.

Son innumerables las problemáticas ambientales derivadas de la falta de educación y conciencia ecológica. Muchos de los problemas del medio ambiente se solucionarían si todos adquiriéramos conciencia de que nuestro entorno merece respeto y esfuerzo diario para mejorarlo.

Recapacitar y actuar son las únicas soluciones para revertir el ritmo insostenible de nuestras ciudades.


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